• Antonio Velázquez

La Primera vuelta al Mundo

Expedición española Magallanes-Elcano años 1519 a 1522.

Panel cerámico del recorrido de la expedición Magallanes-Elcano (Sanlúcar de Barrameda)

Antonio Velázquez El 08 de septiembre de 1522, en el puerto de Sevilla, se cerró el debate milenario sobre si la Tierra era plana o no. La nao Victoria daba por concluida su misión pasado tres años y con tan solo 18 hombres a bordo, escribiéndose una nueva epopeya de la historia de España. Elcano culminaba el viaje que hacía realidad el que fue el verdadero sueño de Cristóbal Colón, llegar a la especiería por la ruta de poniente.


La Sevilla de principio del siglo XVI atraía a diversos perfiles de media Europa, que básicamente buscaban beneficios vinculados al descubrimiento de América. Uno de estos personajes era Fernando de Magallanes, indudable gestor intelectual de la hazaña, aunque no logró finalizarla. El objetivo de Magallanes en Sevilla era simple, ofrecer al nuevo rey de España un ambicioso proyecto. Se trataba de llegar a las islas de las especias en dirección Oeste. Quizás algunos pienses que no hay nada de novedoso, lo mismo ya lo planteó Colón a los Reyes Católicos, pero en este caso ya se conocía la existencia del continente Americano, la novedad era bordear y encontrar un paso a través de estas tierras.


Sevilla S.XVI por Alonso Sánchez Coello

La expedición fue causa de resentimientos y salpicaduras entre los dos países vecinos. Magallanes tratado mal por Don Manuel de Portugal, que nunca había aceptado sus propuestas, provocó que abandonara Portugal camino de Sevilla. Es más, Magallanes, antes de abandonar Portugal, quiso desnaturalizarse de ella, como cumplía a un hidalgo del siglo XVI. De hecho, podemos afirmar que lo hizo por actos públicos y con toda solemnidad para quedar libre de ofrecer sus servicios a quien mejor quisiera, es decir a España. Así pues, pasó a España y Carlos I atendió sus propuestas.


Traemos a colación el hecho de que después del primer viaje de Colón, el papa Alejandro VI, a petición expresa de los Reyes Católicos, delimitó con una línea imaginaria, las pretensiones de los españoles y portugueses al dominio de los países desconocidos. Unos y otros buscaban la India en sus viajes y exploraciones. El papa había corrido línea de demarcación de polo a polo, a cien leguas al poniente de las islas Azores y dio a los españoles posesión de cuantas tierras descubrieran más adelante, dejando a los portugueses en facultad de descubrir y conquistar los países poblados por infieles al oriente de esa línea. Por un convenio posterior entre ambos gobiernos, se fijó ese límite a doscientas setenta leguas más al occidente. Por lo tanto, como era natural suponer, navegando en direcciones opuestas, los españoles y portugueses habían de encontrarse en su camino y de ahí la importancia para los españoles de llegar a las Indias dirección oeste, ya que los portugueses lo hacían por el este rodeando África.


Carlos I de España V de Alemania

Juan de Aranda organizó la entrevista entre Carlos I y Magallanes. El monarca, al igual que sus abuelos, financió de su bolsillo gran parte de la expedición. Se armaron cinco naves: la Trinidad, la San Antonio, la Santiago, la Concepción y la Victoria. Por el puerto de Sevilla se reclutaron 240 tripulantes, y se cargaron provisiones y otras vituallas para dos años de travesía. Así pues, el 10 de agosto de 1519 partía de la ciudad de Sevilla la arriesgada flota, bajo la amenaza de venganza por parte de los portugueses, que buscaban a Magallanes.


Una vez llegaron a Brasil, siguieron la ruta que había trazado el sevillano Juan Díaz de Solís, pero a partir de ese punto la navegación dependería exclusivamente de la expedición, ya que no había mapas. El primer invierno se les echó encima frente a las costas de la Patagonia. Fondearon y establecieron contacto con sus habitantes, unos indios de un tamaño descomunal a los que llamaron “patagones”. Durante el duro invierno, se produjo un motín, que no llegó a consumarse y que tuvo como castigo el abandono en las costas patagónicas a dos de sus cabecillas. Una vez que había aparecido definitivamente la primavera en aquellas regiones, la expedición continuo hacía el Sur para encontrar cualquier estrecho que diera paso al océano que había descubierto Núñez de Balboa en Panamá unos años antes.


Mapa de 1769 de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla

El 21 de octubre de 1520, se avistó una punta de tierra baja y arenosa. En recuerdo de la fiesta de aquel día, el cabo fue denominado de las Once Mil Vírgenes, que ha pasado a la historia como Estrecho de Magallanes. Tras diversas exploraciones, no cabía duda que estaban en la embocadura del estrecho que habían buscado con tanto son. El 27 de noviembre de 1520, la nao Victoria descubrió la otra punta donde cambiaba violentamente la dirección de la costa del norte, circunstancia que confirmaba que habían llegado al otro océano. Durante la exploración del estrecho se produjo un amotinamiento en la nave San Antonio, que opto por dar la vuelta y regresar a España arribando en Sevilla 06 de mayo 1521.


Una vez adentrados en el que bautizaron por pura casualidad meteorológica como Océano Pacífico, ya que nada tiene de poco temperamental, comenzó la verdadera odisea. Pigafetta, un italiano culto y refinado que se había embarcado buscando aventuras y emociones fuertes, fue la persona que anotó todo lo que acontecía en el viaje. Él mismo, refirió todas las miserias que se sufrieron en la navegación, desde hambre, pasando por enfermedades y terminando en la desesperación de no encontrar tierra durante tres meses en tan amplia masa de agua.


Muerte de Magallanes (grabado S.XIX)

El 06 de marzo de 1521 se avistaron las primeras islas. Al archipiélago lo bautizaron como de los Ladrones dada la destreza que tenían los indígenas que allí habitaban en el arte de birlar. La escuadrilla, prosiguió el viaje hasta que tropezaron con las islas de San Lázaro, actuales Filipinas. La expedición las tomó en nombre del rey de España. La siguiente parada fue la isla de Zebú, en la que Magallanes olvidó el objeto principal de la expedición, que no era otro de continuar el viaje a las Molucas. Magallanes, se dedicó a trabar alianzas con los jefes locales y terminó pereciendo en una batalla entre distintas tribus indígenas.


Muerto Magallanes, sus compañeros presintieron desgracias en el porvenir de la expedición. El sustituto elegido para asumir el mando fue Juan Serrano, segundo de Magallanes. Poco duro su nuevo cargo, dado que fue asesinado por el rey de Zebú en una cena organizada por los propios isleños. Junto a Serrano, fueron abatidos todos los españoles que acudieron a dicha estratagema. La escuadrilla había quedado reducida a 115 hombres, que no bastaban para la maniobra de las tres naves que aún continuaban en la expedición, así pues, acordaron quemar la nao Concepción, la más vieja e inútil de todas. El mando de la Trinidad fue otorgado a Gonzalo Gómez de Espinosa y el de la Victoria a Juan Sebastian Elcano, natural de Guetaria. Ambos capitanes pensaban solo en llegar a las islas Molucas.


Réplica de la Nao Victoria

A los veintisiete meses del viaje (el 8 de noviembre de 1521), la escuadrilla divisó las Molucas gracias a la ayuda de la tribu Mindanao, que les guió hacía las mismas. En ellas, los españoles tuvieron la posibilidad de negociar sus mercaderías. Estos daban sus telas, paños y sederías a cambio de clavos de olor, nueces moscadas y otras especies en gran abundancia. Se cargaron las naves con las valiosas producciones de aquellas islas y recogieron aves de diversas especies para llevarlas a España como muestra de sus riquezas. Decididos a volver a España una vez cumplida la misión, se toparon con que la nao Trinidad estaba estropeada y no podía continuar el viaje. Así pues, se acordó que la nao Victoria, comandada por Elcano, partiera con las mercadería con dirección al cabo de Buena Esperanza y la nao Trinidad fuera reparada y posteriormente se dirigiera a Panamá para remitir desde allí su carga a España. La Victoria salió de Tidor con 60 hombre, 13 de los cuales eran naturales de aquella isla.


El Índico pertenecía a Portugal, por lo que un encontronazo con cualquiera de sus barcos supondría el fin del viaje y, sospechando que los portugueses le esperarían junto a las costas de Bengala, Elcano trazó una arriesgada singladura: ir desde Timor hasta el cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano por el paralelo 40, a miles de kilómetros de las costas de Asia.



El 18 de mayo avistaron la extremidad meridional de África y cuatro días después doblaron el Cabo de Buena Esperanza. A principio de julio, se hallaba la Victoria colocada entre el continente africano y las islas de Cabo Verde. La escasez de víveres era alarmante y una importante avería en la nao les llevó a fondear irremediablemente en las islas de Cabo Verde. Dado que dicho archipiélago pertenecía a los portugueses, hicieron creer a los lusos que venían de la costa de América y no del Cabo de Buena Esperanza. Finalmente, tuvieron que salir de manera apresurada de cabo Verde ya que uno de los marinos de la Victoria se fue de la lengua y los portugueses descubrieron que la nao pertenecía a la originaria expedición de Magallanes, a la que Don Manuel de Portugal había ordenado darle caza.


«El regreso de Juan Sebastián de Elcano a Sevilla», obra de Elías Salaverría Inchaurrandieta

Finalmente, el 8 de septiembre de 1522 entraron en el puerto de Sevilla. Solo regresaban 18 hombres: 10 españoles, 4 griegos, 2 italianos, un portugués y un alemán. Al día siguiente, la tripulación bajó a tierra en camisa, descalzos y con cirios en las manos para ir a visitar la iglesia de nuestra señora de la Victoria y de Santa María la Antigua, como habían prometido hacerlo en los momentos de peligro.


Elcano se apresuró en comunicar al rey Carlos I el resultado del viaje, dado que acaba de llegar de Alemania para contener a los comuneros rebeldes. El emperador, en Valladolid, premió generosamente los servicios de Juan Sebastián Elcano. Le colmó de honores y distinciones, concediéndole una pensión anual de quinientos ducados de oro, autorización para llevar siempre dos hombres armados para guarda de su persona y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero en rodearme). El escudo luce hoy en el buque escuela de la Armada Española, que lleva por nombre, precisamente, Juan Sebastián Elcano. Los compañeros de viaje que alcanzaron volver a Europa, obtuvieron igualmente premios y distinciones.


Elcano moriría de escorbuto el 4 de agosto de 1526 en el Pacífico, durante otra expedición a las Molucas. Su cuerpo fue arrojado al océano.


Conclusiones


Todo el mundo es pasajero menos la memoria de las grandes personalidades, pero a estas personas, como a sus monumentos, hay que mirarlos desde lejos.


No podemos negar que Magallanes es un personaje histórico plenamente reconocido, sobre todo en Portugal, país que ignoró sus pretensiones, ordenó su arresto y del que el propio Magallanes renegó. En cambio Elcano, a pesar de haber sido la persona que finalizó y comandó prácticamente la mitad del viaje, no es tan venerado, solo hay que ver la magnitud y solemnidad de las biografías dedicadas a uno y a otro.


Elcano esta unido a Magallanes y Magallanes unido al Elcano. Uno no habría emprendido la travesía y el otro no podría haber cumplido el objetivo, aunque no en cuerpo, pero si en alma. Por lo tanto, soy partidario de un reconocimiento mutuo y equitativo, a uno por ser el autor intelectual y otro por ser el autor material.


Azulejo ubicado en la fachada lateral de la Biblioteca de Sanlúcar de Barrameda

Uno de los mejores reconocimientos de esta expedición, desde mi humilde punto de vista, es el que se encuentra en la fachada lateral de la Biblioteca Municipal de Sanlúcar de Barrameda, antiguo Ayuntamiento de la ciudad, donde se despliegan varios azulejos que conmemoran la Primera Vuelta al Mundo de manera equitativa hacía los dos personajes.


Esta expedición, fue perfectamente documentada desde el punto de vista administrativo, dado que el viaje fue financiado por la corona y desde el punto de vista literario también ha quedado recogido gracias a Antonio Pigafetta, que escribió un diario y fue uno de los 18 hombres que completó el viaje.


Por lo tanto, siendo los navios españoles, la financiación española, el Supervirsor General de la expedición Juan de Cartagena, el Alguacil Mayor de la flota Gonzalo Gómez de Espinosa y el Tesorero General Luís de Mendoza, podemos afirmar categóricamente que la expedición fue Española, y la participación de Portugal como reino fue inexistente.


Motivo de la comunicación

Calle Pachecos nº2 (Plaza de la Gavidia) 41002 Sevilla, España. Telf. +34 954 911 482. Mail. info@velazquezdesoto.com

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